viernes, 21 de mayo de 2010

Mozart y la flauta

      En algún lugar leí o escuche que "la flauta" era el instrumento menos apreciado por Mozart, pues según decía, corría con la desventaja de alcanzar siempre una infructuosa afinacion. Quizás sea por eso que escogió este instrumento del grupo de las maderas para alternar simpáticos cacareos con Papageno y Papagena casi al Final del Segundo acto de la "La Flauta Mágica".
Aunque quizás también sea Papageno (el hombre pájaro), el mas frívolo entre los personajes de esta Opera, quien haya sido elegido por el mágico compositor para hacer el papel de Nosotros mismos (el ser humano) en la Obra. Para dejarnos, a meses de morir, uno de sus tantísimos mensajes hablados en su lengua musical y a su manera siempre tan irónica: “La flauta es Papageno, y Papageno somos nosotros. Así tan Frívolos, sosos, temerosos, dormilones, pérfidos, carnales; y a su vez tan simpáticos y adorables. Entonces Tamino, es el Ideal. El héroe que quisiéramos ser, valiente, decidido, y al final triunfante".
Y es que tal vez Wolfang Gottlieb (Amadeus) odia "la flauta" tanto como al Ser humano, y al mismo tiempo lo quiere tras una línea tan delgada como los finos silbidos del instrumento, Gracioso y saltarín como la niñez perdida del prodigioso compositor. 

        Escuchando, y por casualidad, su “Concierto en Do para Flauta y Arpa K299” vuelvo a reconocer el mismo mensaje casi como adelantándose a sus propias épocas. La Flauta, aunque aquí livianamente mas altiva, proclama en el Allegro del tercer movimiento su condición de humanidad. Me agrada escucharlo y jugar encontrando detalles curiosos. Como este, cuando el concierto modula al V grado, y se le oye en el Re - -Si-Do-Re-Re de la flauta, repetir simpática PaPaGuino (sin decirlo, obviamente), comienza una serie interminable de papaguinos que resuenan en mi mente.

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