miércoles, 28 de abril de 2010

Un asunto de narices

Cuenta Nicolás Sloniimsky que cierta vez Mozart desafió a Haydn a que interpretara de corrido una pieza que acababa de componer. Haydn se sentó al piano con una sonrisa de paternal suficiencia, inicio la ejecución de la partitura y, de pronto, se detuvo abruptamente. El manuscrito mostraba una nota que correspondía en el centro del teclado, mientras la mano derecha debía tocar un triple agudo y la izquierda un bajo profundo.
-¿Nadie puede tocar esto con dos manos! -exclamo el maestro incorporándose. 
-Yo puedo - Dijo Mozart, tan tranquilo-, es muy fácil.
Se sentó frente al teclado y repitió la ejecución de la pieza. Al llegar al momento conflictivo, se inclinó rápidamente y tocó la nota central con la nariz.
-Es verdad, resulta fácil -Admitió Haydn-, ...si se tiene una nariz como la tuya.

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