domingo, 18 de abril de 2010

Mozart y el Miserere de Allegri en la Capilla Sixtina

               W.A. Mozart es el niño prodigio musical por excelencia. Nació el 27 de enero de 1.756 en Salzburgo. Fue bautizado con el nombre de Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus (este último nombre es sinónimo de Amadeus). Con trece años, durante un viaje a Nápoles con su padre, pararon en Roma y allí escuchó el Miserere de Allegri en la Capilla Sixtina. Esta obra sólo podía ser ejecutada allí y estaba prohibido copiarla o reproducirla bajo pena de excomunión. Mozart fue capaz de transcribirla de memoria en una sola audición, un auténtico prodigio, escribiendola después al llegar a sus alojamientos. Esto nos da una idea de su procedimiento de composición. Se ha dicho que era capaz de escribir música en medio de una partida de bolos o de billar. Pero en realidad sólo estaba pasando al papel lo que ya estaba perfectamente terminado y organizado en su cabeza. Sus manuscritos son tan limpios que nadie podría imaginarse que son la primera y una copia de la obra. Qué diferencia con los originales de Beethoven, llenos de borrones e incluso de trozos de papel cortados y vueltos a pegar con las notas correctas. Los que podríamos considerar como los tres grandes genios de toda la historia de la música, Bach, Mozart y Beethoven fueron tres personalidades totalmente distintas pero, para el oyente, complementarias y se podría decir que necesarias. Podemos estar durante horas escuchando el prodigioso dominio del contrapunto Bachiano y sus incesantemente modulantes melodías pero en algún momento necesitamos pasar a la sencillez (?) y frescura de Mozart, de la cual también nos "cansamos" en favor de la fuerza arrolladora del temperamento dramático de Beethoven.

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